Sabes cuando estás delante de una de esas personas porque te cuentan cosas que jamás habrían vivido quedándose en casa aquel curso. Escuchan y comparten anécdotas, que se retroalimentan entre sí y acaban creando en la habitación, el parque, o la barra del bar un mundo que está más allá del a menudo monótono presente.
No necesitan poner a parir a otra persona para parecer interesantes, pero a cambio de esa virtud han pagado un alto precio, pues han tenido que enfrentarse a tantas y tan distintas personalidades y personajazas del mundo que si se hubiesen parado a criticar cada una, no habrían recorrido ni la mitad de lo andado. Además, ser así incluye dejar atrás una y otra vez gente como ellos, que pasan por la vida viviendo, y no sólo simplemente bebiendo, con lo que valoran mejor qué tiene importancia y qué no en esto de la relaciones humanas.

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