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Redes Sociales

Acabo de ver este genial (como tantos otros) episodio de Redes, en el que el siempre entrañable Punset analiza junto al profesor de turno (esta vez James Fowler, experto en redes sociales de la Universidad de California) como nos afectan nuestros conocidos y como podemos afectar con nuestra acciones a mucha más personas de la que pensamos, fenómeno que se amplifica gracias a Internet y a su creciente número de usuarios, que está creando una Aldea Global como nunca pudo imaginarse el señor Marshall McLuhan.

Lectores, este capítulo de Redes me ha servido para confirmar algo que ya sabía: hay que ser uno mismo y no achantarse ante lo que diga el resto de las personas que nos rodean en cuanto a lo que consideramos correcto (eso sí, siempre argumentando, que entiendo que a un neonazi se la suda lo que pueda decir el resto y considera sus ideas correctísimas; actuad siempre sin radicalismos y sin dañar a nadie física ni moralmente).

Ese círculo inmediato que tenemos puede decir misa lo que le venga en gana, pero hay que ser consecuente con lo que uno cree e intentar llevarlo a cabo. Nunca sabemos quién puede estar leyendo o a quién podemos 'convencer'. Puede que tu círculo más cercano esté compuesto por gente que pase de todo, pero créeme, hay miles de personas ahí fuera encerradas en círculos igual de pasotas que están esperando una inspiración como la que tú puedes darles para cambiar el mundo.

Aunque es cierto que en el episodio hablan sobre cosas que la cultura popular descubrió hace tiempo, como que las malas compañías acaban llevándote al desastre en el colegio, por ejemplo, me he acordado de las frases que muchas personas usan constantemente para sentirse cómodas desde el sofá cuando alguien intenta cambiar las cosas, frases que me he hartado de escuchar con todo el movimiento 15M: 'de qué va a servir''no merece la pena ni intentarlo''sois cuatro gatos'.

Supongo que en la Edad Media habría pasotas, al igual que en la Revolución Francesa o en la Industrial. Pero son esos locos que se atreven a decir lo que piensan los que acaban moviendo el mundo, haciendo pensar a gente que ni se planteaba que su miseria no tenía por qué venir atada a su apellido. Formamos parte de algo más grande, una enorme red en la que cualquiera pueder marcar la diferencia. Concluyo con las palabras del profesor Fowler:
'Así como el cerebro puede hacer cosas que ninguna neurona consigue por sí sola, las redes sociales logran lo que una persona no puede hacer en solitario'.

El 5º Poder

Entre que he estado en España de viaje exprés y que últimamente gasto el poco tiempo libre que tengo en la pre-producción del corto falso reportaje 'Play it to me' (pero que coolibérrimo que queda decirlo así), tengo el blog algo abandonado. 

No quería dejar pasar la oportunidad de comentar un hecho que ocurrió el otro día, que se veía venir, como la crisis económica o el nombramiento de Leire Pajín como ministra, pero para lo que nadie, como entonces, estaba preparado: la influencia de las redes sociales en la política.

Estamos entrando en una nueva forma de vivir en sociedad para la que las altas esferas no están nada acostumbradas. Un buen ejemplo de este nuevo orden serían las discográficas que, horrorizadas, asisten a la pérdida de sus imperios basados en poder dicidir qué se escucha. No hablaré de la ley Sinde, sobre la que ya se han escrito ríos de caracteres. O de los medios de comunicación de masas, a los que se les descubren prácticas que antes pasaban desapercibidas. Cada caso es un mundo, pero lo que está claro es que los tradicionales canales unidireccionales se están encontrando con un montón de pelotas que vienen de vuelta del campo contrario. Y en muchas ocasiones no saben devolverlas como es debido. Es que, y siguiendo con la metáfora, algunos, como Bisbal, no saben ni agarrar la raqueta.

Todo el mundo está saltando al ruedo de las social media, porque donde hay gente, hay dinero y hay votos, por lo que no podían faltar esos extraños seres que rigen nuestros destinos y que nadie conoce personalmente: los políticos. Gente como tú y como yo que, salvo honrosas excepciones, acabó en política tras fracasar en lo suyo sin renunciar no obstante a llenarse los bolsillos con algo más que el sueldo mínimo. Gente acostumbrada a decir sus verdades como puños, cayera quien cayese.  Gente con una potente maquinaria propagandística que maquillaba cualquier error y exprimía las virtudes hasta la última gota de zumo de hipocresía.  

Pero llegó internet, que está dando voz a los que antes sólo teníamos voto y que está desnudando a los políticos mostrando como realmente son, y oh sorpresa, nos encontramos con que distan mucho de preocuparse por el bien común y sólo lo hacen por el de aerolíneas, concesionarios de alta gama y restaurantes de lujo.

La semana pasada la noticia de que los eurodiputados rechazaban volar en clase turista para seguir haciéndolo en primera, inició una 'batalla' en Twitter en la que el pueblo actuó para defender lo que consideraba justo.  Tras presionar durante horas a los grandes partidos, conseguimos una reacción, que lejos de ser satisfactoria, creo que ha marcado que ha recordado a los políticos que el dinero que gestionan con tanta pasión lo genera el esfuerzo de los ciudadanos de a pie, y a nadie le gusta que se derroche el fruto de su esfuerzo.

Internet es un arma de doble filo. Puede atraer muchos votos, pero nadie da duros a cuatro pesetas. Cada vez más, detrás de cada pantalla, se encuentra gente crítica que por fin tiene el poder de pedir cuentas a sus representantes. Comienza una etapa en la que el político deberá ser político y mentir como no ha sabido mentir nunca, o hacer las cosas bien de una vez y gobernar para todos. Se acabó pactar ruedas de prensa. Ahora las preguntas las hacemos nosotros.