Serendipia y procrastinación son las últimas dos palabras que he buscado en un diccionario de mi lengua materna. La segunda hace ya mucho más tiempo, la primera, hace unos días. ¿Que qué significan? Procrastinar es, como diría el refrán, 'dejar para mañana lo que podrías estar haciendo ahora mismo' y serendipia, descubrir algo cuando en realidad estabas buscando otra cosa.
Es curioso, y para los que huyáis de las reflexiones late at night podéis dejar de leer ahora mismo, pero resulta que son dos palabras con las que podemos resumir nuestra existencia. Nos pasamos la vida procrastinando, 'dejando para mañana' algunas cosas que teníamos que haber hecho 'hoy', pero también algunas otras que hace tanto tiempo que dijimos 'mañana lo hago sin falta' que ni nos acordamos de cuándo fue ese día. Y del mismo modo y en sentido contrario yendo de serendipia en serendipia, porque en el día a día que hemos elegido, o que nos ha tocado sufrir, ocurren mil cosas que no esperábamos. Algunas cambian los planes de la tarde, pero otras son tan poderosas que pueden cambiar el rumbo que hasta entonces estábamos llevando.
Sin embargo, como todo en esta vida, depende del cristal con el que se mire. Procrastinar, sin pasarse, nos puede dar ese punto de vista que nos faltaba, y las buena serendipias hacen que todo esto tenga sentido, porque si nunca pasara nada... nunca pasaría nada*.
Por mi parte, mato el segundo día d.d.P. con una procrastinación como un piano y dos serendipias que se quedan en casualidad de mierda (nadie dijo que sería fácil).
*Y si existe, es que es real.

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